viernes, 27 de noviembre de 2015

LA CUESTIÓN SUCESORIA DE FERNANDO VII

 Isabel II de niña. Carlos Luis de Rivera y Fieve (1835)
El final del reinado de Fernando VII se vio marcado por la cuestión sucesoria. No había conseguido engendrar herederos varones. De su último matrimonio con su sobrina María Cristina, habían nacido dos niñas: la princesa Isabel y la infanta Luisa Fernanda.

Sin embargo con el advenimiento de los Borbones en España, se había instaurado la Ley Sálica (por la que solo se permitía reinar a los descendientes varones). Fernando VII decidió publicar la Pragmática Sanción, que derogaba la ley, para que de esta forma, su hija mayor, Isabel pudiera reinar.
Esto causó el descontento de muchos de los seguidores del hermano del Rey (carlistas), Carlos María Isidro, al que según la Ley Sálica le correspondía ocupar el trono cuando su hermano falleciera.  

En septiembre de 1832 la salud de Fernando VII  era muy delicada y  es cuando se van a producir los Sucesos de la Granja, una serie de intrigas palaciegas por las que el ministro Calomarde (partidario de Carlos María Isidro), acabó por conseguir que el Rey agonizante, firmara un documento que retiraba la Pragmática Sanción.

Enterada de esto Luisa Carlota de Borbón, hermana de la reina, Maria Cristina de Borbón y a su vez casada con el hermano menor del rey (Francisco de Paula de Borbón), por tanto, doblemente cuñada de Fernando VII, se presentó en la corte en plena crisis dinástica para influir en los acontecimientos.

Unos meses después, la infanta aprovecha  una breve mejoría del rey y se las ingenia para convencerlo  de que firmara el Real Decreto que demolía la Ley Sálica y restablecía la Pragmática Sanción. Lleva a cabo su misión en un momento en que el rey, preagónico y sin voluntad, estaba sólo acompañado de  su esposa, la reina María Cristina, presentándole el documento que apenas podía firmar y ayudándolo, con su propia mano, a estampar la autoritaria firma.  Luisa Carlota se retiró triunfante y nerviosa, en busca del sello real.  A partir de ese momento, el rey perdió el conocimiento y ya no volvió a recuperarlo.

Cuando Calomarde regresó al lecho del rey, advertido de la estratagema de Luisa Carlota, el ministro la increpó de manera agresiva, tratando de arrebatarle de las manos el decreto, pero ella respondió con unas bofetadas. El ministro, ante la cara de pasmo de la reina,  y  los presentes que asistían de rodillas a la agonía del Rey, dijo la famosa frase “manos blancas no ofenden”. Hay quién dice que la princesa contestó «Pero hacen daño». 

Finalmente se promulga el 31 de diciembre de 1832, Isabel, entonces con 2 años de edad, sería reina de España.

Infante Carlos María Isidro. Vicente López (1825)
A partir de éste hecho y ante la negación del Infante Carlos María Isidro de jurar  el reconocimiento de Isabel como Princesa de Asturias, en junio de 1833, es desterrado a Portugal, donde se proclama Rey con el nombre de Carlos V (Manifiesto de Abrantes).Fernando VII fallece en septiembre de 1833. 

Como consecuencia derivada de estos sucesos, se producirá el fin del absolutismo y el desencadenamiento de las Guerras Carlistas, entre los partidarios de Carlos María Isidro (carlistas) y los de Isabel II (isabelinos). Estas tres guerras se suceden entre los años 1833 y 1876.

Los carlistas eran enemigos acérrimos del liberalismo y de las medidas que implicaba: libertades económicas, laicización y uniformidad del territorio. El carlismo defendía el Antiguo Régimen y la monarquía de origen divino. Reivindicaban, además, el mantenimiento de los fueros y los privilegios tradicionales frente a la política centralizadora del régimen liberal, es decir, el foralismo. Su lema era ‘‘Dios, Patria, Fueros y Rey’’. Estuvieron respaldados por diversos sectores de la sociedad española: campesinos, baja nobleza del norte de España, sectores más conservadores de la Iglesia, algunos oficiales del ejército, áreas rurales de algunas regiones e incluso por potencias extranjeras como Austria, Prusia o Nápoles.

Finalmente fueron vencidos de manera definitiva en la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), por las tropas del Rey Alfonso XII.

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